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Cómo fotografiar un eclipse solar: guia esencial para no arruinar un momento irrepetible

Para mí la fotografía siempre ha sido un oasis de creatividad, algo al alcance de la mano: con muy poco equipamiento uno puede explorar la creatividad cotidiana de observar las pequeñas cosas alucinantes que ocurren en el mundo que nos rodea. Por supuesto, hay eventos importantes que, al capturarse, te transportan a ese momento increíble que viviste. Fotografiar un eclipse es uno de ellos: naturaleza en estado puro y ese sentimiento potente de cuál es nuestro lugar en el universo.

La primera decisión que marca la diferencia no es el modelo de cámara, sino cómo vas a vivir el eclipse: como un momento para disfrutar y recordar, o como una carrera por ajustar diales. La buena noticia es que puedes tener ambas cosas si preparas el plan con calma. Lo primero —y lo repito porque importa— es la seguridad: durante todas las fases parciales el Sol solo se fotografía con filtro solar específico delante del objetivo. Los filtros ND “normales” no sirven; tampoco vale mirar por el visor óptico sin protección. En la totalidad (si estás dentro de la franja), sí puedes retirar el filtro unos segundos para capturar la corona y volver a colocarlo en cuanto regrese la luz. Para tus ojos, gafas homologadas (ISO 12312-2). Es el peaje para disfrutar y volver con pupilas, cámara y sensor en perfecto estado.

A partir de aquí, toca pensar la historia que quieres contar. Un eclipse no es solo un disco comiéndose a otro: es el ambiente previo, la gente que se reúne, el atardecer que se enfría, el murmullo que baja cuando llega el máximo. Por eso me gusta dividir la sesión en dos líneas narrativas: la íntima (los detalles, las manos ajustando un filtro, un niño probándose las gafas) y la épica (el Sol recortado sobre un faro, la silueta de un mirador, la corona encendida en el cielo). Si solo llevas un cuerpo de cámara, te recomiendo priorizar la épica con un encuadre que incluya paisaje; si te acompañan dos cuerpos, deja uno con teleobjetivo y filtro apuntando al Sol y reserva el otro, más angular, para contar lo que pasa a tu alrededor.

El lugar y la luz: prepara el escenario

El eclipse nos regalará un Sol muy bajo. Eso pide un horizonte oeste limpio —playa, acantilado, explanada, tejado con permiso— y un primer plano con sentido: un faro, una pasarela, la línea de la costa, quizá una figura humana. Llega con tiempo; el clima y el tráfico mandan, y el margen de error es menor de lo que parece. Lleva un plan B a menos de una hora por carretera: a veces moverte 30–60 km es la diferencia entre la foto del año y una tarde nublada. Si vas a incluir arquitectura o elementos reconocibles, visita el sitio antes y haz una foto de prueba al atardecer: así sabrás dónde caerá el Sol y a qué altura lo verás.

El equipo que de verdad ayuda (y por qué)

No hace falta un arsenal. Una mirrorless o réflex con Live View, un trípode que no tiemble, disparador (o temporizador a 2 segundos), baterías y tarjetas de sobra, y, sobre todo, el filtro solar adecuado para tu diámetro (lámina tipo Astrosolar con capucha o filtro roscado). Si vas a por primeros planos, un tele de 300–600 mm te acerca lo suficiente; para paisaje, un 35–85 mm deja sitio a la historia. Todo lo demás son comodidades: un intervalómetro para timelapse, una rótula más suave, una cinta gaffer por si el viento incordia. Donde sí conviene invertir es en el filtro: mejor uno bien ajustado y sin fugas que improvisaciones de última hora. (Aquí encaja tu enlace al filtro; lo mismo para trípode y disparador).

La cámara adecuada, sin complicarte

Aquí tienes una selección de cámaras que realmente ayudan en un eclipse sin complicarte la vida: cuerpos ligeros con Live View/EVF, buen rango dinámico y RAW para exprimir la corona; opciones APS-C para empezar y full frame si buscas detalle con teles (70–300 o 150–600). He priorizado modelos con estabilización, autonomía decente y menús sencillos para cambiar rápido entre “parcial con filtro” y “totalidad sin filtro”.

Abajo encontrarás mis recomendaciones con sus enlaces: desde kits económicos hasta combos más avanzados para teleobjetivo largo.

El filtro solar: cómo saber si funciona bien

Un filtro solar adecuado reduce la luz solar de forma extrema. La primera vez que miras a través de uno suele sorprender: el Sol aparece como un disco tenue y perfectamente definido, sobre un fondo casi negro. Si con el filtro puesto el Sol sigue resultando deslumbrante o incómodo de mirar a través de la cámara, algo no está bien. Un buen filtro protege tanto al fotógrafo como al equipo. Aquí no conviene improvisar ni escatimar. Es uno de esos casos en los que usar material adecuado marca la diferencia entre una buena experiencia y un problema serio.

Una extensión habitual son los filtros IRND, los cuales mejoran a los ND clásicos al reducir parte del infrarrojo. Sin embargo, estos siguen sin ser filtros solares y no están diseñados ni certificados para fotografía directa del Sol. Para eclipses y cualquier observación solar, el único elemento adecuado es un filtro solar específico colocado delante del objetivo.

Desafortunadamente, las cámaras de tipo reflex o mirrorless no cuentan con objetivos específicos para proteger de la radiación en una exposición directa al sol, así que aquí es cuando hay que ponerse creativo y hacer un poco de bricolaje. En este caso, nuestros mayores aliados son los filtros habitualmente usados en telescópios astronómicos. Es importante resaltar que la solución empleada no requiere ninguna instalación muy sofisticada, simplemente hay que buscar una manera sencilla de colocar el filtro delante del objetivo, cubriendo toda la apertura, exactamente igual que en un telescopio. A continuación

Aquí te dejo algunas opciones que podrías adaptar si demasiado trabajo al objetivo de tu cámara.

Celestron 94243 EclipSmart Solar Eclipse Telescope Filter – ISO 12312-2 Compliant, Secure Fit with Solar Safe Film, Works with 6” Schmidt-Cassegrain Telescopes, Black

Película de Filtro Solar Newwyt Tapa de Filtro Solar telescopio película de Filtro de 100 mm Ojo de Filtro Solar para telescopio de 60/70/80/90 mm …

Panasonic Lumix DC-G100DKEGK Cámara Micro Cuatro Tercios Sin Espejo con Lente Lumix G Vario F3.5-5.6, 20.3MP, Vídeo 4K 30p y FHD 60…

Dale estabilidad a tus fotos: trípodes y disparadores

Un eclipse no admite improvisaciones con la estabilidad. Un trípode firme no solo evita vibraciones; te libera mentalmente. Puedes concentrarte en el encuadre, en el momento, en lo que está ocurriendo alrededor. Si usas un disparador remoto o el temporizador de la cámara, mejor aún. Menos movimiento, más precisión.

Ajustes sin sobresaltos: parciales y totalidad

En las fases parciales trabajarás siempre con filtro. La luz que llega es escasa y dura, así que la receta que funciona es simple: ISO 100–400, f/5.6–f/8 y velocidades entre 1/500 y 1/2000 según la densidad del filtro y la atmósfera del día. El enfoque, mejor manual: amplía el Live View 5–10× y clava el borde del Sol. Si el fotómetro te miente (lo hará), corrige a ojo buscando un disco definido sin quemar el borde.

La totalidad es otro mundo: aquí sin filtro (solo si estás en la franja) y con tiempos un poco más lentos para atrapar la corona. Un punto de partida sólido es ISO 200–800, apertura entre f/2.8 y f/5.6 y velocidades de 1/30 a 1/125. Si tu cámara permite horquillado (bracketing), prográmalo: 5–7 tomas separadas 2–3 EV te darán material para un HDR suave que saque desde el núcleo hasta los filamentos más finos. El secreto está en no pensar en ese momento: deja los ajustes memorizados. Muchas cámaras permiten guardar dos perfiles; crea uno para “Parcial con filtro” y otro para “Totalidad sin filtro” y cambia de uno a otro “a ciegas”.

El instante y el pulso: cómo no perderte lo mejor

Justo antes de la totalidad, el borde del Sol produce el famoso “anillo de diamantes” y unos segundos de perlas de Baily. Es tentador disparar sin parar y olvidarse del resto. Yo prefiero poner alarmas en el móvil para marcar los momentos clave: “T-30 s quita filtro”, “T+30 s pon filtro”. Si estás solo, esas notas te salvarán del olvido nervioso; si estás con alguien, repártelo como si fuese una checklist: una persona pendiente del filtro, otra del disparo. Y recuerda: si notas vibraciones, usa temporizador o disparador y, en DSLR, espejo arriba. Mejor una ráfaga corta bien asentada que diez fotos trepidadas.

Componer con intención (y con calma)

Un eclipse no necesita adornos, pero la foto gana cuando emparejas el Sol con algo. Con tele medio, un perfil humano a contraluz que mire hacia el horizonte puede ser suficiente; con angular, busca líneas que te lleven, curvas que arropen, repeticiones que creen ritmo (barandillas, rocas, espigones). Piensa en capas: un primer plano nítido, un medio con textura, un fondo que respire. El Sol ocupa muy poco en el encuadre, así que deja espacio a lo que sitúa la escena. En mi caso, empiezo con el ambiente —las gafas sobre una mesa, la luz bajando, la gente probando el encuadre con el móvil— y, cuando el cielo se apaga, paso al tele para la parte épica. Es la manera que tengo de volver a ese rato cuando veo las fotos meses después.

Los errores que nos visitan a todos

El más común es olvidar el filtro en el momento de quitarlo o, peor, no ponerlo cuando la luz regresa. Por eso las alarmas. El segundo, quedarse sin batería o tarjeta justo en el clímax: cambia a otra antes de la totalidad. Y un tercero silencioso: el enfoque flojo por prisas; tómate un minuto para fijarlo y no lo toques. Si vas con viento, añade un poco de peso al trípode (mochila, bolsa) y baja el centro de gravedad. Y no subestimes el frío del atardecer: una chaqueta puede salvarte de temblores.

¿Y si quiero un timelapse?

Funciona de maravilla si lo planteas sencillo. En parciales, un intervalo de 10–20 s cuenta la mordida del Sol sin generar miles de fotos. Cerca de la totalidad, baja a 1–2 s para capturar la transición. No intentes mover el encuadre a mano; si no tienes montura de seguimiento, fija un ángulo amplio y deja que el Sol recorra el cielo. Luego, en edición, recorta y estabiliza. Si montas seguimiento, centra tus esfuerzos en el tele y deja el angular como plano fijo.

Revelado con mano ligera

Disparar en RAW te dará margen para recuperar luces y sacar detalle fino sin exagerar. Corrige la temperatura de color (a veces los filtros tiñen un poco), ajusta contraste y claridad con sutileza, y para la corona mezcla 3–5 exposiciones con un HDR manual: máscaras suaves, nada de halos duros. En fotos de paisaje, endereza el horizonte, atenúa ruido si disparaste alto de ISO y trabaja con saturación global baja y selectiva en ámbar/azul para mantener aspecto natural. Un pie de foto con lugar y hora ayuda más de lo que crees cuando compartes o archivas.

Antes de salir por la puerta: recordatorio de bolsillo

No me gusta vivir el eclipse mirando una lista, así que lo reduzco a lo esencial: filtro (probado y ajustado al diámetro), gafas ISO, trípode y disparador, baterías y tarjetas, dos perfiles en la cámara (Parcial/Totalidad) y alarmas para el filtro. Todo lo demás es accesorio. Si te falta algo, añade un enlace en tu web junto a esta sección: filtros por diámetro (67/77/82), lámina solar para fabricar capucha, trípode viaje, intervalómetro, tarjetas y baterías. Son compras lógicas, fáciles de recomendar y útiles de verdad.

Cuando pienso en por qué fotografiar un eclipse me sigue emocionando, vuelvo a lo mismo que me llevó a la fotografía: esa creatividad al alcance de la mano y la posibilidad de guardar un instante que te devuelve a donde estabas. Un eclipse condensa ambas cosas. Con seguridad, un plan sencillo y un par de trucos, tendrás imágenes que no solo enseñen un fenómeno astronómico, sino que cuenten la historia de cómo lo viviste —y eso, al final, es lo que más nos gusta mirar.

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